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Un momento en el tiempo: mi chico y yo

Publicado
junio 22, 2016
Por
Lori Podvesker
Tipo
Voces de la comunidad
Una madre sostiene a su bebé de manera juguetona. Hace una mueca tonta mientras su hijo sonríe.

Ayer, mi hijo Jack se graduó oficialmente del octavo grado. ¡Y qué día fue! 

Estuvo lleno de muchas emociones. Ya sabe, los sentimientos familiares que acompañan a las grandes transiciones como esta. Si tiene suerte, puede aprovechar un momento como este para dar un paso atrás del trabajo diario y ver con más claridad el estado emocional, social e intelectual de su hijo.

Es cuando se da cuenta de que gran parte de la crianza tiene que ver con la vida en general. Se trata del proceso y de la eterna búsqueda de la felicidad, la comodidad y el amor, se trata de impulsarnos a nosotros mismos y a los demás para ser las mejores personas que podamos.

Es un momento en el que no se puede negar la belleza y la alegría de lo lejos que ha llegado su hijo al ser premiado como “Estudiante del año”. Es el momento de darse permiso a uno mismo para decir: “Vaya. Este ha sido un viaje increíble. Todos hacemos lo mejor que podemos y estamos haciendo un buen trabajo”.

Es cuando reconoce que su hijo superó  todas sus expectativas. Es cuando se libera conscientemente de las palabras y emociones falsas, temerosas y ansiosas que circularon por su cabeza y su corazón toda su vida anterior al momento en que se da cuenta de lo diferentes que son las cosas ahora, con respecto a cómo le dijeron que serían.

Es cuando examina de forma deliberada su entorno y mira con asombro a las personas que le rodean y a su círculo de apoyo. Es una enorme gratitud por el apoyo familiar, de amigos, vecinos, la comunidad, terapeutas, maestros, médicos, especialistas, compañeros de trabajo y todas las personas que, a lo largo del camino, aceptaron sus diferencias cuando usted no podía hacerlo.

Es bajar la guardia y que su corazón rebose de alegría y amor porque su hijo se convierte en una persona increíble, cariñosa y cálida, que además sabe escribir todas las letras del alfabeto, ¡vamos Jack!

Pero también es el momento en el que se da cuenta de que ya experimentó lo suficiente como padre de un niño con discapacidades como para saber que tendrá que recurrir a esos éxitos en el futuro cuando los pensamientos negativos vuelvan a aparecer. Encuentra consuelo en lo desconocido y confía en que el futuro será mejor de lo que nunca pensó.