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Publicado
noviembre 11, 2020
Por
Lori Podvesker
Tipo
Voces de la comunidad
Una madre y su hijo con discapacidad sonríen con orgullo. Ambos tienen el cabello peinado hacia arriba de una manera divertida.

Es difícil de creer, pero mi Jack cumple 18 años mañana. Cumple 18 años en un momento de la historia de nuestro país como ningún otro.

La pandemia nos ha obligado a muchos a estar presentes y a vivir nuestros valores de forma más deliberada. Hemos tenido que protegernos a nosotros mismos y a nuestras familias. Hemos tenido que decidir cada día por qué y por quién merece la pena arriesgarse. Hemos tenido que enfrentarnos a nosotros mismos y a nuestro pasado porque no había ningún lugar donde huir o esconderse de él. Aunque es doloroso, llegar a acuerdos y sanar son nuestros caminos hacia un futuro mejor. 

La transición de Jack a la edad adulta tiene que ver con su futuro y con el nuestro como familia. Mi corazón se siente muy pesado pero lleno todo a la vez. Estoy petrificada, pero tengo esperanza. Mi amor por él es natural y como ningún otro amor. Es puro. Quiero que esté seguro, que sea feliz y que se sienta amado.

Así que debo dejar de lado lo que él no es. Debo soltar ciertos apegos que tengo con él, para que pueda tener una buena calidad de vida. Debo dejar de lado mis temores de que sea vulnerable, para que pueda ser resiliente por sí mismo. Debo dejar entrar quién es realmente Jack y qué necesita. Para que pueda ser alguien.

Debo seguir aceptando que las necesidades de Jack son mayores que lo que nuestra familia puede darle. Podemos proporcionar seguridad, risas y amor, pero no es suficiente. Eso no es un fracaso por nuestra parte. 

Jack necesita sus propias conexiones, comunidad y amistades. Tiene que decidir por sí mismo qué le gusta hacer y con quién le gusta pasar el tiempo. Como todos nosotros, Jack necesita una vida propia.